
Quienes somos depende fundamentalmente de nuestro sexo, de nuestro origen étnico o social, de nuestras convicciones religiosas y políticas o de nuestra lengua materna. Cualquier discriminación por estos motivos está prohibida y constituye un desprecio a nuestra identidad. Si una persona es tratada peor que otra a causa de cualquiera de estas particularidades, sin que exista una justificación objetiva para ello, se le hiere en lo más profundo de su personalidad, se hiere su dignidad.
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